Mudanzas

Última foto antes de la mudanza

Última foto antes de la mudanza

“Coge esa mochila”, “te has dejado los calcetines” (yo nunca, repito, nunca me dejaría unos calcetines), “esto no me cabe en el maletero”, “no muerdas ese cable”. Las mudanzas son estresantes, más cuando se acaba el verano y toca volver a la rutina y al mal tiempo. Ya se dice que todo lo bueno se acaba.

Pero ya está hecho. Desde el lunes que estamos de vuelta de la playa y no es lo mismo. Primero, de vivir en un noveno a un tercero hay mucha diferencia. Ahora el maldito camión de la basura lo escucho como si pasara por dentro de casa, por no hablar de los que vociferan en plena noche. Me tienen día sí día también asomado a la ventana, aunque debo confesar que mi naturaleza esencialmente cotilla también ayuda. Por otra parte, no es lo mismo pasear por el paseo marítimo que por las céntricas calles de una gigantesca urbe con avenidas de hasta dos carriles como Vila-real, donde vivo ahora.

Pero no todo son malas noticias. El lector más pejiguero ya debe estar pensando que soy un cascarrabias. Nada más lejos de la realidad. Siempre trato de ver el lado positivo de las cosas. Por ejemplo: veo un cable, yo estoy viendo una apetecible longaniza; veo un calcetín, para mí es el mejor de los jamones york. Y así siempre.

Pues en mi nueva casa hay muy buenas noticias. Primero, la alfombra, qué invento la alfombra. Donde haya una que se quite el suelo cerámico del resto de la casa. Menudas siestas me pego en la alfombra. No entiendo por qué no es toda la casa una alfombra y sólo hay una porción del comedor alfombrada, pero algo es algo. Al parecer, las llamadas alfombras no están diseñadas para ser mordidas, me he llevado alguna bronca al respecto, pero si para acostarse sobre ellas.

No estoy cotilleando...

No estoy cotilleando…

Deseando me hallo de que llegue el invierno para disfrutar al máximo de sus comodidades y, aunque ahora los expertos en cambio climático dicen que no hará mucho frío, yo no los creo y pienso que la alfombra me dará más de una alegría durante los meses más fríos.

En fin, una mudanza siempre es traumática e incluso puede hacer que pierdas los nervios, pero he encontrado cosas positivas en este cambio de casa. Si amigos, hay que buscar el lado positivo de las cosas.

¿Y vosotros, perros, habéis sufrido (digo, disfrutado) alguna mudanza? Espero vuestros comentarios. Un lametazo.

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