¿He oído FIB?

Hola amigos, tras bastante tiempo sin escribir aquí estoy de nuevo con una gran noticia. No me culpéis de este tiempo sin escribir nada, he estado con la selectividad y no sabéis el tiempo que me ha quitado.

Pero después de un verano de penitencias, la playa, las siestas en la terraza, piscinita…por fin el jefe trae una buena noticia: ME VOY AL FIB!

FIB, ¡allá vamos!

FIB, ¡allá vamos!

Siempre pensé que mis únicas posibilidades pasaban por el Rototom, pero como buen hispter lo he conseguido y esta noche estaré viendo a Muse y bueno, me acercaré a ver a Fasenuova para poder hablar del underground del FIB con mis colegas.

No hay que olvidar, y vaya por delante que no es mi mayor motivación, toda la zona de comida: kebab, tikka masala, parrilla argentina… qué grande. Además, allí no hay preocupaciones y puedo acercarme a los muros y mear con el jefe.

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Preparado para triunfar

Uno ya se ha puesto sus mejores galas, me he limpiado bien el sobaquillo, que ocasiones así no pasan todos los días. Malditas Hawkers, no me han llegado a tiempo. Un lametazo amigos.

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Me hago mayor

“A ver cuando escribes algo”, “tienes el blog abandonado”, “se te va a olvidar escribir, con lo que nos costó enseñarte”, “no seas perro y escribe algo, Floc”, “deja ese calcetín”.

Los últimos meses he tenido que escuchar, una y otra vez, este tipo de reproches por parte de los Jefes ante mi “dejadez”, como ellos lo llaman, en lo relativo al blog. Entrecomillo lo de dejadez porque no es tanto así. Vale, es verdad, desde febrero que no escribo nada nuevo, pero es que nadie me deja que me explique. ¿Vais a dejar que me explique?

Que mal verano he pasado...

Que mal verano he pasado…

El caso es que me hago mayor. Los años perrunos cuentan como por 10 años durante los dos primeros años de vida. O eso he leído en la revista Nature. Por lo tanto, agarraos bien…ya tengo unos 12 años. Claro, de repente, son todo decisiones: ¿bachillerato científico o letras?¿Tocar la guitarra, el piano, o jugar a fútbol? Esto obviando que me he dejado cosas por hacer, como por ejemplo tomar la comunión…tendré que sacar tiempo de la nada, o quitárselo a mis 14 horas de sueño diarias (los veterinarios recomiendan 16 horas, ojo), para hacer la catequesis.

En fin, que no quiero excusarme, pero es que esto de crecer no es que me dé perro, es que no tengo tiempo para todo. No he querido mencionar que he estado veraneando en Benicàssim porque, quizás, las mentes más malévolas fueran a pensar que he pasado el verano entre la playa, piscina y festivales. Pues ni aunque quisiera: si entro en la playa, 60 pavos de multa al Jefe; si entro en la piscina, los vecinos me miran mal; a los festivales, prohibida la entrada -la verdad es que solo lo probé con el FIB, con mis Knockaround, y ni por esas. Tal vez el Rototom…Así que nada de veranito ni vacaciones.

Pues nada, me despido hasta la próxima, he aprovechado que hoy llueve y no puedo hacer mis recados para escribir un poco. A ver si llueve un poco más a menudo. Sólo (me niego a no poner la tilde por más que diga la RAE que no hay confusión, ya llegaré un día a tener un sillón en la RAE y se las verán conmigo, llamadme clásico), decía que solamente (equivale a sólo) con pensar que el próximo junio tendré 20 años ya me entra el estrés: la selectividad, la uni, trabajar, el carnet de conducir…esta sociedad, como aprieta. Voy a echarme una siesta a ver si me tranquilizo. Un lametazo.

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Sueños

Todo estaba fabricado de jamón york. Paseaba por la calle El Pozo, cruce con la avenida Campofrío, y alternaba un mordisco a las farolas con otro a las ruedas del coche, en cualquier caso todo sabía a delicioso jamón york de primera calidad. Desde todos los costados se desprendía ese olor a delicioso jamón cocido. La ciudad de Navidul era como un sueño para un servidor…

Era un sueño. Lo era hasta que el Jefe me ha despertado por la mañana, considerando que las 13 horas de un 27 de febrero era momento de levantarse, qué sabrá él. De mala gana moví el rabo simulando alegría al ver sustituida mi visión de la ciudad de Navidul por la del rostro del Jefe, con la vaga esperanza de que me diese una loncha de ese jamón de york que sé que guarda en la nevera. Si no es por mí, es que se va a poner malo. Pero no hubo suerte.

¿Me tiro o no me tiro? ¡Floc, hay razones para vivir! El jamón de york, los canelones, la paella…

Para no parecer un desagradecido, he de admitir que en seguida hemos salido a dar una vuelta por el barrio, cosa que me agrada tremendamente y que me proporciona pequeñas dosis de comida prohibida -entiéndase comida prohibida todo aquello que no sean esas bolitas de pienso. Hoy no hemos podido pasear mucho puesto que el Jefe se ha dormido en los laureles y me ha despertado demasiado tarde, así que nos hemos dirigido a la casa de la tortura.

Habéis acertado si estáis pensando que he vuelto a exagerar con lo de la casa de la tortura. No es más que la casa de los abuelos del Jefe, también les llamo Jefes, yo me entiendo. Allí toda la estirpe de los Jefes se reúnen a diario para comer deliciosos manjares a los que, por descontado, insisten en no invitarme. Con la abuela del Jefe he hecho muy buenas migas, con chistorra y longaniza. La verdad es que nos llevamos muy bien, así que a escondidas del Jefe todos los días me da algo, algo que por supuesto siempre considero insuficiente, pero se lo curra mucho igualmente. Hoy me ha preparado un canelón, los jueves suele cocinarlos. He notado que hoy le ha añadido un poco de hígado de conejo, la verdad es que le han quedado geniales. (Nota mental: digo han quedado geniales suponiendo que los otros canelones que yo no he probado estaban igual de buenos que el -único- que he comido).

El caso es que a mí un canelón me dura menos que un trozo de jamón de york en la puerta de un canódromo, así que es entonces cuando comienza la tortura. Hoy le he contado hasta 8 canelones al Jefe, que además come con cansina lentitud, por más que insisto no me deja que le eche una mano. Imaginaos una hora así. Dios me ha dotado de un olfato inigualable y de un apetito sin igual, y allí están, encima de la mesa, como esperando a que se enfríen, ocho canelones con su bechamel, su queso, su carne, su hígado. Esa es mi tortura.

La escena siempre termina igual: tras meditarlo profundamente, el Jefe al fin termina su abundante ración y nos vamos de vuelta a casa. Suelo llegar y comerme a regañadientes las bolitas esas de pienso, para después echarme una buena siesta, como manda la tradición.

Y en esas estoy, exprimiendo los últimos gramos de fuerza que me proporciona un canelón antes de caerme dormido encima del notebook. Una nueva siesta y con suerte, otro sueño como el de ayer. Un lametazo.

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Maldito viento

Ola k ase.

Ola k ase.

Algunos ya estáis pensando, ‘vaya, que raro, Floc quejándose de algo’. Pues sí, soy un cascarrabias, pero es que lo mío con el viento es algo personal (llevo 15 minutos preguntándome si como perro debería sustituir ‘personal’ por ‘perruno’).

El caso es que estos últimos días hace un viento bastante fuerte. El Jefe anda por casa hablando con tecnicismos acerca de un “viento de mistral” o de “situación advectiva”. Lo que viene siendo un viento del copón.

Siempre me las he dado de ser un perro bastante listo, sin ir más lejos tengo un blog y, bueno, mi ortografía es bastante buena para formar parte de ese selecto grupo de la LOGSE. Además, que leo bastante a menudo y me he comido algunas hojas de la mejor literatura. Pues bien, mi mundo hoy se ha venido abajo.

El viernes hizo un día de perros. Lo de un día de perros no lo entiendo demasiado, a mi me pareció un día horrible, me hubiera quedado bien a gusto en casa, así que de perros nada. Pero sigamos.El viento arreciaba y salí de paseo vespertino. Lo hice apretando las orejas para que no se me levantaran sin obtener el resultado deseado, a la primera esquina ya las tenía del revés y con el maldito soplidito que atravesaba rápido martillo, estribo y yunque para dar de lleno con el tímpano. De repente, me quedé ojiplático: un montón de objetos vivos corrían por la acera como presas del pánico. Saqué mi instinto cazador y los perseguí todos y cada uno, hojas, bolsas de plástico y otras basuras que pueblan la calle. En algunas ocasiones con éxito me llevaba a la boca una hoja de morera y otras se me escapaban vivas. Me encanta perseguir todo tipo de objetos animados, tanto que mi cabeza no pensó que era el dichoso viento el que lo movía todo. Yo, el perro intelectual, engañado como un tonto por el viento. No sólo se mete en mis orejas, sino que además me ha humillado. Podía ver como otros perros se jactaban de mí, señalándome. [No puedo seguir]

Sí, ya me he dado cuenta, a estas hojas las mueve el viento.

Sí, ya me he dado cuenta, a estas hojas las mueve el viento.

Pero bueno, de todo se aprende. Hoy he vuelto a salir y hacía un poco de viento. Lo he ignorado con suma elegancia y he continuado mi camino obviando las hojas y papeles que se movían alocados. Por obviar he obviado hasta un trozo de pan que había en el suelo. Ya se la devolveré  al viento, ya. Hoy no hay lametazos. Un lametazo.

 

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Mis colegas Jacks y Duc

el blog de floc

El Jefe obligándome a hacer amigos. ¡Sé hacerlo solo!

Los Jefes están últimamente muy preocupados por mi vida social. Según entienden, soy muy abierto con los humanos, pero un poco pesado con los perros. Así que no paran de hablar de como solucionar este problema, que yo no lo encuentro, pero bueno. Ellos hablan delante de mí como si no les entendiera, menudos son, las pillo al vuelo. “Estaría bien que Floc hiciera amigos perros”, “es que Floc es muy pesado con otros perros”, “Floc deja esa zapatilla”. Me van a gastar el nombre.

Como sea, se han obcecado y esta semana me han presentado a unos cuantos perros, así, formalmente, no como los que me encuentro a diario por la calle, de los cuales me he hecho amigo enseguida demostrando que soy supersociable. Así que os los voy a presentar: son Duc y Jacks, mis colegas. Estoy intentando que se hagan un Facebook para poder quedar más a menudo pero son muy clásicos y prefieren el teléfono, parecen abuelos. Pero a lo que iba.

Jacks

Jacks es un golden, creo, no estoy muy al día en cuanto a razas de perros. Soy capaz de distinguir 233 tipos de jamón york pero no me pidas que diga más de 10 razas de perros. Como decía, Jacks es un colega así grandote pero que le gusta mucho liarla por ahí, pero con muy buen corazón, eso sí.

floc

Pasándolo teta con Jacks. Ahí se ve el pie de su Jefe Pedro. Bonita zapatilla, sí señor

Duc

La verdad, no sé bien como se escribe su nombre. Es lo típico que conoces a alguien por su apodo y ni tan siquiera sabes su nombre, pues algo parecido. El caso es que Duc es un crack, tiene 3 meses más que yo y cada vez que quedamos la liamos parda. Lo malo es que el muy canalla está más cachas que yo y, que no lea esto por favor, muchas veces me puede.

floc y duc

Partiéndome de risa con Duc. El tío mira a la cámara, pues no es él presumido ni nada…Se sepa que otras veces lo arrollo yo.

En fin, me hacía ilusión presentaros a mis colegas, para que luego digan de mí los Jefes. Un lametazo.

 

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Viva el ciclismo

Creo que soy muy afortunado de haber nacido a primeros de junio. En mi SIP pone que

floc durmiendo

Le doy el visto bueno a esta manta, muy confortable.

nací el 1 de junio, aunque lo cierto es que lo hice el día 3, pero parece que tengo que hacer mucho papeleo para cambiarlo. Maldita burocracia. Decía que tuve suerte de nacer en junio. Veranito, la playa, las vacaciones de los Jefes. Pero todo esto se convierte en algo mísero si lo comparamos con lo mejor del verano: el Tour y la vuelta a España. Los sprints, los ataques, los gregarios, el aguador (este tipo de ciclista me hace mucha gracia, con la chepa llena de botellines), el dopping…todo esto me encanta del ciclismo, pero sin lugar a dudas lo que más me gusta de este deporte son las siestas que me pego escuchando el helicóptero de fondo. Bendito sonido. Sólo a veces me despierto si Perico Delgado grita un poco, pero como es bastante gracioso se lo perdono.

perro de horner

Ahí lo tenéis, Horner, campeón de la Vuelta

Debuté en mis siestas ciclistas en julio, con el Tour. Menuda exhibición de Froome. La verdad es que como os digo me pasé el Tour durmiendo, pero luego leía los resúmenes. Y qué decir de la vuelta, otra vez las mismas, y encima ganó un tipo que puso la foto de su perro con el maillot de campeón, olé.

Y es que si hay algo que puede competir con el jamón york, sin duda es dormir. Aunque espero que esto último no lo lean los Jefes. Lo malo es que las siestas de ciclismo deberán esperar por lo menos hasta las clásicas de primavera, porque lo que es el Tour de Catar y todo ese rollo de principio de temporada ni lo echan por la tele. Un lametazo.

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Postales del mundo!

Quiero abrir una nueva sección debido a una circunstancia que me ha hecho mucha ilusión y me ha alegrado el día.

Eran las diez de la mañana, suena el telefonillo, es la cartera. La mujer cartero. Pregunto quién es y no hay manera de entendernos. Intento sacar mi mejor léxico, pero nada. Me pongo nervioso y me cae el telefonillo, caramba. Por suerte, otros vecinos humanos han  logrado establecer comunicación con la cartera y le han abierto la puerta. He aguardado pacientemente ante la pantalla del videotelefonillo esperando a que se marchara la cartera, con el fin de no volver a cruzarnos una palabra más. A los 2 minutos mi paciencia se estaba acabando cuando al fin he visto que cerraba la puerta y, zas, he bajado como una exhalación los tres pisos que me separan de los buzones y he cogido la correspondencia. He tardado 8.2 segundos, 4 décimas mejor que mi anterior marca.

Como siempre, de mala gana he ido apartando cartas del banco, recibos y más recibos, y propaganda de Media Markt, ya me entendéis, hasta que ha aparecido algo inusual. A todo color y en un formato hasta el momento desconocido para mí, he encontrado lo que parecía ser una fotografía escrita por detrás y mandada por correspondencia. Presto, he buscado en Google de qué se trataba, bendito Google, hasta que he corroborado que se trataba de una postal.

Ya estaba claro. En la portada aparecían una serie de extraños edificios unos antepuestos a otros. En la base de la fotografía aparecía titulado “Rotterdam”. He recordad que el Jefe había estado estos últimos días por esta ciudad Holandesa y al parecer se acordó de mí. El caso es que hace una semana me explicó que se iba de visita a tierras holandesas, pero empezó a hablar de que si Rotterdam tiene el puerto más importante de Europa, que si la arquitectura es no sé cómo y no sé qué más, y terminé por desconectar. Lo típico que asientes con la cabeza cuando en realidad estás pensando en una loncha de jamón york. Pero bueno, os dejo que veáis vosotros mismos la postal que me ha mandado. Jefe, si lees esto, a partir de ahora te escucharé siempre, aunque me mandes postales tan vintage como esta que me has mandado.

Aquí la clásica postal que el Jefe me mandó, esta guapa eh...

Aquí la clásica postal que el Jefe me mandó, esta guapa eh…He tachado con el paint la dirección, hay que conservar la privacidad amigos. Haced click si queréis ampliarla al detalle.

 

Me ha hecho tanta ilusión que no quiero que sea la última vez en sentir la emoción de abrir el buzón y encontrar entre publicidad y facturas una bella postal. Dónde haya una carta o una postal que se quite el correo electrónico. Así que allá va mi llamamiento: si estáis por ahí, por el mundo, venden postales y sellos y os apetece, a mí me haría mucha ilusión recibir vuestras postales personalizadas y las sacaría aquí en mi bitácora. Sólo tendríais que pedirme por privado, en el formulario de contacto que también inauguro hoy, la dirección de envío. Estoy tan confiado de vuestra buena voluntad que voy a abrir una sección nueva que se llamará “Postales del Mundo” y que inauguro con esta primera postal. Muchas gracias de antepata, un lametazo.

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Mudanzas

Última foto antes de la mudanza

Última foto antes de la mudanza

“Coge esa mochila”, “te has dejado los calcetines” (yo nunca, repito, nunca me dejaría unos calcetines), “esto no me cabe en el maletero”, “no muerdas ese cable”. Las mudanzas son estresantes, más cuando se acaba el verano y toca volver a la rutina y al mal tiempo. Ya se dice que todo lo bueno se acaba.

Pero ya está hecho. Desde el lunes que estamos de vuelta de la playa y no es lo mismo. Primero, de vivir en un noveno a un tercero hay mucha diferencia. Ahora el maldito camión de la basura lo escucho como si pasara por dentro de casa, por no hablar de los que vociferan en plena noche. Me tienen día sí día también asomado a la ventana, aunque debo confesar que mi naturaleza esencialmente cotilla también ayuda. Por otra parte, no es lo mismo pasear por el paseo marítimo que por las céntricas calles de una gigantesca urbe con avenidas de hasta dos carriles como Vila-real, donde vivo ahora.

Pero no todo son malas noticias. El lector más pejiguero ya debe estar pensando que soy un cascarrabias. Nada más lejos de la realidad. Siempre trato de ver el lado positivo de las cosas. Por ejemplo: veo un cable, yo estoy viendo una apetecible longaniza; veo un calcetín, para mí es el mejor de los jamones york. Y así siempre.

Pues en mi nueva casa hay muy buenas noticias. Primero, la alfombra, qué invento la alfombra. Donde haya una que se quite el suelo cerámico del resto de la casa. Menudas siestas me pego en la alfombra. No entiendo por qué no es toda la casa una alfombra y sólo hay una porción del comedor alfombrada, pero algo es algo. Al parecer, las llamadas alfombras no están diseñadas para ser mordidas, me he llevado alguna bronca al respecto, pero si para acostarse sobre ellas.

No estoy cotilleando...

No estoy cotilleando…

Deseando me hallo de que llegue el invierno para disfrutar al máximo de sus comodidades y, aunque ahora los expertos en cambio climático dicen que no hará mucho frío, yo no los creo y pienso que la alfombra me dará más de una alegría durante los meses más fríos.

En fin, una mudanza siempre es traumática e incluso puede hacer que pierdas los nervios, pero he encontrado cosas positivas en este cambio de casa. Si amigos, hay que buscar el lado positivo de las cosas.

¿Y vosotros, perros, habéis sufrido (digo, disfrutado) alguna mudanza? Espero vuestros comentarios. Un lametazo.

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Visita a Barna

floc en barcelona

Aquí me veis disfrutando de la oferta cultural de Barna en el Ocaña, muy recomendable amigos.

Para los menos duchos en la jerga moderna, cuando digo Barna me estoy refiriendo a Barcelona. Se ve que Barcelona es una palabra extremadamente larga y por ello se ha decidido acortarla, comerse dos sílabas y dejarlo en Barna. Estos catalanes, con tal de gastar menos saliva…la pela es la pela, ya se dice.

Hoy escribo esta entrada con una sensación agridulce: siempre me alegra volver a casa, pero sólo ha pasado un día y ya añoro Barcelona. Y es que ayer fui de visita a Barcelona con la excusa de recoger a la Jefa y he vuelto encantado con esta ciudad. La verdad es que hice muchos amigos por las Ramblas, incluso felicité a algunos artistas que por allí pululaban y con algunos acabamos haciéndonos colegas.

Para los amantes del arte Barcelona es nuestra ciudad. Allí está lleno de artistas por sus calles, de monumentos, de grandes edificios. Me saqué fotos en los lugares emblemáticos, la verdad es que espero ser la envidia de la especie, ya verás como se ponen estos perros de pueblo cuando me vean delante de la catedral de Barcelona o en frente de la Sagrada Familia, se les van a poner los dientes largos.

En fin, un día que no olvidaré fácilmente. Como colofón de un gran día, disfruté del Carrusel Deportivo de la Ser durante el viaje de vuelta. La Premier inglesa se pone interesante, y qué decir del Madrid…al final en el fútbol ya se sabe, juegan once contra once y no hay rival pequeño.

Por cierto, os he puesto unas estrellitas aquí abajo, justo al final de la entrada. Si os mola podéis ponerme 5 estrellas. Un lametazo.

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Historia de una correa extensible

floc cabreado

Aquí me tenéis, cabreado como una mona

Aquí estoy, dándole al ctrl + alt+ supr y nada, el ordenador sigue colgado. Siempre me lo han dicho, “pásate a Linux que nunca se cuelga”. Pero nada oye, que aquí los jefes están emperrados con Windows y de ahí no hay quien los mueva. La foto es de hace un rato, me ha tocado reiniciar el ordenador para poder escribir esta entrada. No quiero dejar pasar la ocasión de decir que mi cara no hace justicia al cabreo que llevaba, pero tampoco me gusta nada de nada divagar, así que sigamos.

Hoy quería explicaros algo que me ha pasado esta mañana antes de que este maldito ordenador se quedara colgado, uf, me caliento. Como todas las mañanas he salido a pasear con mis amos. Ahora se ve que han adquirido una nueva correa, que ellos me dicen que la han comprado para mí, aunque yo se que es de otro perro cuyos amos no acabaron muy contentos con la misma. Pero bueno, yo pongo buena cara y todos contentos. El caso es que es una de esas correas extensibles. En un principio todo era bonito: yo me iba un poco para adelante, me podía esperar a oler cualquier piedra, planta, caca o, en definitiva, cualquier de esas cosas que son diferentes al suelo y me gustan, y todo era perfecto. Todo palabras bonitas y todo risas. Todo ha dado un vuelco cuando la Jefa (en adelante me referiré a mis amos como Jefe si es masculino y Jefa si es femenino, por eso de la propiedad intelectual y la protección de datos) me ha lanzado una especie de oliva que ha encontrado por la calle. Yo, lógico y haciendo lo que ella esperaba

correa extensible perros

La correa del mal

de mí, he corrido cual poseso tras la apetecible oliva. El caso es que en ese momento la correa la mantenía el Jefe, con tan mala suerte que en mi fastuoso esprint hacia la oliva la correa ha abrasado la piel de la Jefa, que se encontraba en el medio.

Pues nada, que la correa no tenía la culpa, la culpa ha sido mía. Claro, ¿he sido yo el que ha lanzado la oliva? ¿O acaso he construido yo una correa extensible con un material tan peligroso?

En fin, una anécdota más que contar a mis nietos. Por cierto, he puesto a la izquierda un formulario bastante sencillo para que os subscribáis y recibáis mis actualizaciones al mail. No seáis perros, es un momento. Un lametazo.

 

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